miércoles, 30 de julio de 2014

Soneto. Salvador Novo

Este fácil soneto cotidiano
que mis insomnios nutre y desvanece,
sin objeto ni dádiva se ofrece
al nocturno sopor del sueño vano.

¡Inanimado lápiz que en mi mano
mis odios graba o mis ensueños mece!
En tus concisas líneas aparece
la vida fácil, el camino llano.

Extinguiré la luz. Y amanecida,
el diamante de ayer será al leerte
una hoguera en cenizas consumida.

Y he de concluir, soneto, y contenerte
como destila el jugo de la vida
la perfección serena de la muerte.

Try Out II.


viernes, 18 de julio de 2014

Try Out.

Listo el bosquejo para el primer intento de acuarela. Si todo sale bien después les muestro el resultado.

miércoles, 16 de julio de 2014

Este que ves, engaño colorido. Sor Juna Ines de la Cruz

Este que ves, engaño colorido,
que, del arte ostentando los primores,
con falsos silogismos de colores
es cauteloso engaño del sentido;

éste, en quien la lisonja ha pretendido
excusar de los años los horrores,
y venciendo del tiempo los rigores
triunfar de la vejez y del olvido,

es un vano artificio del cuidado,
es una flor al viento delicada,
es un resguardo inútil para el hado:
es una necia diligencia errada,
es un afán caduco y, bien mirado,
es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.

miércoles, 9 de julio de 2014

Tratado sobre el Tiempo.

Reproducción de la Conferencia impartida por  el Dr. Juan Marqués Carbás en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Buenos Aires tres días antes de su accidente.

Buenos Aires, Argentina 8 de Julio de 2014
Son las trece veintisiete del 8 de Julio de 2014, y hoy es cumpleaños de una mujer hipotética a la que llamaremos  Isabel Romero es bueno cuando se hablan de temas intangibles relacionarlos con objetos tangibles, esto  con el fin de acercar la teoría a la realidad, Isabel Romero será entonces  el objeto de esta disertación.
Hace más de trece mil millones de años el universo inicio tal como lo conocemos,  a través de un proceso de concentración y posterior expulsión de materia y energía, todo cuanto conocemos se encontraba existiendo bajo una única forma que compartía exactamente las mismas características, no se puede hablar todavía de partículas, ni fuerzas, ni siquiera de tiempo, todo, absolutamente todo era la misma sustancia: la singularidad (como opuesto a la pluralidad), el único, el todo, el gran huevo de Brahama o el de Pan-Gu, como aún no existe el tiempo  en aquel entonces se habita en un instante infinito, no hay futuro ni pasado, el presente es eterno, Isabel Romero existe ahí dentro de la singularidad, como la singularidad misma, y comparte características con lo que  miles de millones de años después llamaremos…  lluvia, viento, arena de mar, cachorro de dachshund, cerillo, cactus, cristal de cuarzo, chocolate, chip de silicio,  gusano de seda, y por supuesto Isabel Romero, es a  partir del momento de la creación (y si, apunto creación reconociendo la intervención de una voluntad que propicia un cambio en el status quo de la existencia eterna) que la singularidad se quiebra dando paso a la diferenciación  de compuestos y estructuras, se crean los primeros procesos (de lo hasta en ese entonces era estático) lo que da  origen a las primeras energías, gravedad, luz  y movimiento, con el movimiento se crea el tiempo y este empieza a contarse.
La expansión del universo inició el tiempo y la creación de elementos, el primero de todos, el hidrógeno  empieza a fusionarse entre si creando los demás, las fuerzas cósmicas se enlazan creando una estructura ordenada,  la naturaleza de la existencia se establece como un sistema que obedece reglas, nada escapa de esas reglas, la futura existencia de Isabel Romero está determinada por ellas,  estas nuevas leyes nos indican el futuro de las cosas, el momento de una partícula, su aceleración, energía cinética y potencial, si arrojamos una moneda  de plata al aire y hacemos los cálculos correctos considerando todos los factores que intervienen en tal acontecimiento sabremos con precisión que cara caerá , donde caerá y en que tiempo, todas las partículas arrojadas desde el inicio del tiempo  siguiendo estas leyes  formarán grupos, que formarán cúmulos, que formarán estructuras más complejas,  el más mínimo cambio  en el ángulo de dispersión de un fotón en ese entonces habría transformado todo y nada sería tal como lo conocemos, sabemos a dónde va todo, su dirección su fuerza. El tiempo en general se concibe como una magnitud medible  como un flujo que se va acumulando, es por eso que Isabel Romero celebra su cumpleaños hoy ocho de julio de dos mil catorce, sin embargo,  el tiempo no es acumulable, es una posición especifica  de todo un sistema de referencia universal, reitero el tiempo es una posición, la de cada una de las partículas que existen y que siempre han existido desde el inicio del todo, así en una posición especifica de todo el sistema referencial  regido principalmente por la velocidad máxima alcanzable (la de la luz) hubo un instante en que las partículas que ahora conforman a Isabel Romero conformaban bajo una posición especifica un fino e incandescente polvo de estrellas.
 Así es, lejos, muy lejos de tan solo una metafórica expresión…  Isabel Romero fue una estrella.
  Al lanzar la moneda sabes donde caerá y la atrapas,  alguien lanzó millones de millones de millones de partículas al espacio, y está esperando atraparlas. El hombre ha intentado explicar el ¿Por qué? de las cosas a través de sus religiones cuando en realidad  solo necesita saber el ¿Cómo? a través de la ciencia para entender ambas. Quedamos pocos profesionales que bajo esta visión cosmológica buscamos respuestas, es por eso que organizamos una serie de conferencias en varias Universidades de todo el mundo para restaurar la antigua ciencia conocida como Alquimia. Reclutamos  talentos que crean en una visión unificada del universo y que cuya búsqueda en equipo que nos conduzcan a explicar a través de la ciencia  la naturaleza de Dios, del cielo, del infierno, de las reencarnaciones,  de la bilocación, los viajes en el tiempo,  las civilizaciones perdidas y todos aquellos fenómenos que al día de hoy quedan fuera de nuestro limitado entendimiento, la fe no es suficiente y esto lo dijo no como una ofensa sino como una invitación a la búsqueda,  a todos aquellos que el día de hoy  inicien el proceso de selección para nuestro curso de inducción quiero asegurarles que esto no es charlatanería, quiero anunciar que hemos iniciado un proceso  en los laboratorios de la Universidad John Hopkins para extraer la sustancia original  de la que estaba conformado el “todo” antes de la explosión del big bang, misma que hemos denominado “singularidad”  identificada en el cuerpo de una mujer, que por extrañas circunstancias ha conservado intacta dentro de si como las protoparticulas que dieron origen a todo.
Esta mujer será la nueva Eva y a través de la comprensión de la sustancia “singularidad” conocida por nuestros predecesores como la piedra filosofal obtendremos la transmutabilidad de la materia  y el control de las leyes físicas.  Los artículos relacionados con el estudio de este caso se encuentran documentados bajo estrictos protocolos de investigación en el portal de la Universidad traducido a más de 20 idiomas. Este no es un programa de posgrado es un programa de selección que permitirá crear un equipo multidisciplinario de investigación internacional.
Solicito envíen sus aplicaciones a través del portal de la Universidad. No habrá sesión de preguntas ya que debo tomar un vuelo a la Ciudad de México de inmediato, les ofrezco disculpas.

Muchas Gracias.

jueves, 3 de julio de 2014

Tú que nunca serás. Alfonsina Storni


Sábado fue y capricho el beso dado,
capricho de varón, audaz y fino,
mas fue dulce el capricho masculino
a este mi corazón, lobezno alado.

No es que crea, no creo; si inclinado
sobre mis manos te sentí divino
y me embriagué, comprendo que este vino
no es para mí, mas juego y rueda el dado...

Yo soy esa mujer que vive alerta;
tú, el tremendo varón que se despierta
y es un torrente que se ensancha en río

y más se encrespa mientras corre y poda.
¡Ah, me resisto, mas me tienes toda,
tú, que nunca serás del todo mío!

viernes, 20 de junio de 2014

La Fiesta Brava. José Emilio Pacheco

LA FIESTA BRAVA
UN CUENTO DE ANDRÉS QUINTANA
La tierra parece ascender, los arrozales flotan en el aire, se agrandan los árboles comidos por el defoliador, bajo el estruendo concéntrico de las aspas el helicóptero hace su aterrizaje vertical, otros quince se posan en los alrededores, usted salta a tierra metralleta en mano, dispara y ordena disparar contra todo lo que se mueva y aun lo inmóvil, no quedará bambú sobre bambú, no habrá ningún sobreviviente en lo que fue una aldea a orillas del río de sangre,  bala, cuchillo, bayoneta, granada, lanzallamas, culata, todo se vuelve instrumento de muerte, al terminar con los habitantes incendian las chozas y vuelven a los helicópteros, usted, capitán Keller, siente la paz del deber cumplido, arden entre las ruinas cadáveres de mujeres, niños, ancianos, no queda nadie porque, como usted dice, todos los pobladores pueden ser del Vietcong, sus hombres regresan sin una baja y con un sentimiento opuesto a la compasión, el asco y el horror que les causaron los primeros combates,  ahora, capitán Keller, se encuentra a miles de kilómetros de aquel infierno que envenena de violencia y de droga al mundo entero y usted contribuyó a desatar, la guerra aún no termina pero usted no volverá a la tierra arrasada por el napalm, porque, pensión de veterano, camisa verde, Rolleiflex, de pie en la Sala Maya del Museo de Antropología, atiende las explicaciones de una muchacha que describe en inglés cómo fue hallada la tumba en el Templo de las Inscripciones en Palenque,  usted ha llegado aquí sólo para aplazar el momento en que deberá conseguir un trabajo civil y olvidarse para siempre de Vietnam, entre todos los países del mundo escogió México porque en la agencia de viajes le informaron que era lo más barato y lo más próximo, así pues no le queda más remedio que observar con fugaz admiración esta parte de un itinerario inevitable,  en realidad nada le ha impresionado, las mejores piezas las había visto en reproducciones, desde luego en su presencia real se ven muy distintas, pero de cualquier modo no le producen mayor emoción los vestigios de un mundo aniquilado por un imperio que fue tan poderoso como el suyo, capitán Keller,  salen, cruzan el patio, el viento arroja gotas de la fuente, entran en la Sala Mexica, vamos a ver, dice la guía, apenas una mínima parte de lo que se calcula produjeron los artistas aztecas sin instrumentos de metal ni ruedas para transportar los grandes bloques de piedra, aquí está casi todo lo que sobrevivió a la destrucción de México-Tenochtitlan, la gran ciudad enterrada bajo el mismo suelo que, señoras y señores, pisan ustedes,  la violencia inmóvil de la escultura azteca provoca en usted una respuesta que ninguna obra de arte le había suscitado, cuando menos lo esperaba se ve ante el acre monolito en que un escultor sin nombre fijó como quien petrifica una obsesión la imagen implacable de Coatlicue, madre de todas las deidades, del sol, la luna y las estrellas, diosa que crea la vida en este planeta y recibe a los muertos en su cuerpo,  usted queda imantado por ella, imantado, no hay otra palabra, suspenderá los tours a Teotihuacan, Taxco y Xochimilco para volver al Museo jueves, viernes y sábado, sentarse frente a Coatlicue y reconocer en ella algo que usted ha intuido siempre, capitán,  su insistencia provoca sospechas entre los cuidadores, para justificarse, para disimular esa fascinación aberrante, usted se compra un block y empieza a dibujar en todos sus detalles a Coatlicue,  el domingo le parecerá absurdo su interés en una escultura que le resulta ajena, y en vez de volver al Museo se inscribirá en la excursión fiesta brava, los amigos que ha hecho en este viaje le preguntarán por qué no estuvo con ellos en Taxco, en Cuernavaca, en las pirámides y en los jardines flotantes de Xochimilco, en dónde se ha metido durante estos días, ¿acaso no leyó a D. H. Lawrence, no sabe que la ciudad de México es siniestra y en cada esquina acecha un peligro mortal?, no, no, jamás salga solo, capitán Keller, con estos mexicanos nunca se sabe,  no se preocupen, me sé cuidar, si no me han visto es porque me paso todos los días en Chapultepec dibujando las mejores piezas, y  ellos, para qué pierde su tiempo, puede comprar libros, postales, slides, reproducciones en miniatura,  cuando termina la conversación, en la plaza México suena el clarín, se escucha un pasodoble, aparecen en el ruedo los matadores y sus cuadrillas, sale el primer toro, lo capotean, pican, banderillean y matan, usted se horroriza ante el espectáculo, no resiste ver lo que le hacen al toro, y dice a sus compatriotas, salvajes mexicanos, cómo se puede torturar así a los animales, que país, esta maldita fiesta brava explica su atraso, su miseria, su servilismo, su agresividad, no tienen ningún futuro, habría que fusilarlos a todos, usted se levanta, abandona la plaza, toma un taxi, vuelve al Museo a contemplar a la diosa, a seguir dibujándola en el poco tiempo en que aún estará abierta la sala,  después cruza el Paseo de la Reforma, llega a la acera sobre el lago, ve iluminarse el Castillo de Chapultepec en el cerro, un hombre que vende helados empuja su carrito de metal, se le acerca y dice, buenas tardes, señor, dispense usted, le interesa mucho todo lo azteca ¿no es verdad?, antes de irse ¿no le gustaría conocer algo que nadie ha visto y usted no olvidará nunca?, puede confiar en mí, señor, no trato de venderle nada, no soy un estafador de turistas, lo que le ofrezco no le costará un solo centavo, usted en su difícil español responde, bueno, qué es, de qué se trata, no puedo decirle ahora, señor, pero estoy seguro de que le interesará, sólo tiene que subirse al último carro del último metro el viernes 13 de agosto en la estación Insurgentes, cuando el tren se detenga en el túnel  entre Isabel la Católica y Pino Suárez y las puertas se abran por un instante, baje usted y camine hacia el oriente por el lado derecho de la vía hasta encontrar una luz verde, si tiene la bondad de aceptar mi invitación lo estaré esperando, puedo jurarle que no se arrepentirá, como le he dicho es algo muy especial, once in a lifetime, pronuncia en perfecto inglés para asombro de usted, capitán Keller, el vendedor detendrá un taxi, le dará el nombre de su hotel, cómo es posible que lo supiera, y casi lo empujará al interior del vehículo, en el camino pensará, fue una broma, un estúpido juego mexicano para tomar el pelo a los turistas, más tarde modificará su opinión,  y por la noche del viernes señalado, camisa verde, Rolleiflex, descenderá a la estación Insurgentes y cuando los magnavoces anuncien que el tren subterráneo se halla a punto de iniciar su recorrido final, usted subirá al último vagón, en él sólo hallará a unos cuantos trabajadores que vuelven a su casa en Ciudad Nezahualcóyotl, al arrancar el convoy usted verá en el andén opuesto a un hombre de baja estatura que lleva un portafolios bajo el brazo y grita algo que usted no alcanzará a escuchar,  ante sus ojos pasarán las estaciones Cuauhtémoc, Bal-deras, Salto del Agua, Isabel la Católica, de pronto se apagarán la iluminación externa y la interna, el metro se detendrá, bajará usted a la mitad del túnel, caminará sobre el balasto hacia la única luz aún encendida cuando el tren se haya alejado, la luz verde, la camisa brillando fantasmal bajo la luz verde, entonces saldrá a su encuentro el hombre que vende helados enfrente del Museo,  ahora los dos se adentran por una galería de piedra, abierta a juzgar por las filtraciones y el olor a cieno en el lecho del lago muerto sobre el que se levanta la ciudad, usted pone un  flash en su cámara, el hombre lo detiene, no, capitán, no gaste sus fotos, pronto tendrá mucho que retratar, habla en un inglés que asombra por su naturalidad, ¿en dónde aprendió?, le pregunta, nací en Buffalo, vine por decisión propia a la tierra de mis antepasados,  el pasadizo se alumbra con hachones de una madera aromática, le dice que es ocote, una especie de pino, crece en las montañas que rodean la capital, usted no quiere confesarse, tengo miedo, cómo va a asaltarme aquí, el miedo que no sentí en Vietnam,  ¿para qué me ha traído?, para ver la Piedra Pintada, la más grande escultura azteca, la que conmemora los triunfos del emperador Ahuizotl y no pudieron encontrar durante las excavaciones del Metro, usted, capitán Keller, fue elegido, usted será el primer blanco que la vea desde que los españoles la sepultaron en el lodo para que los vencidos perdieran la memoria de su pasada grandeza y pudieran ser despojados de todo, marcados a hierro, convertidos en bestias de trabajo y de carga,  el habla de este hombre lo sorprende por su vehemencia, capitán Keller, y todo se agrava porque los ojos de su interlocutor parecen resplandecer en la penumbra, usted los ha visto antes, ¿en dónde?, ojos oblicuos pero en otra forma, los que llamamos indios llegaron por el Estrecho de Bering, ¿no es así? México también es asiático, podría decirse, pero no temo a nada, pertenecí al mejor ejército del mundo, invicto siempre, soy un veterano de guerra, ya que ha aceptado meterse en todo esto, confía en que la aventura valga la pena, puesto que ha descendido a otro infierno espera el premio de encontrar una ciudad subterránea que reproduzca al detalle la México-Tenochtitlan con sus lagos y sus canales como la representan las maquetas del Museo, pero, capitán Keller, no hay nada semejante, sólo de trecho en trecho aparecen ruinas, fragmentos de adoratorios y palacios aztecas, cuatro siglos atrás sus piedras se emplearon como base, cimiento y relleno de la ciudad española,  el olor a fango se hace más fuerte, usted tose, se ha resfriado por la humedad intolerable, todo huele a encierro y a tumba, el pasadizo es un inmenso sepulcro, abajo está el lago muerto, arriba la ciudad moderna, ignorante de lo que lleva en sus entrañas, por la distancia recorrida, supone usted, deben de estar muy cerca de la gran plaza, la catedral y el palacio,  quiero salir, sáqueme de aquí, le pago lo que sea, dice a su acompañante, espere, capitán, no se preocupe, todo está bajo control, ya vamos a llegar, pero usted insiste, quiero irme ahora mismo le digo, usted no sabe quién soy yo, lo sé muy bien, capitán, en qué lío puede meterse si no me obedece, usted no ruega, no pide, manda, impone, humilla, está acostumbrado a dar órdenes, los inferiores tienen que obedecerlas, la firmeza siempre da resultado, el vendedor contesta en efecto, no se preocupe, estamos a punto de  llegar a una salida, a unos cincuenta metros le muestra una puerta oxidada, la abre y le dice con la mayor suavidad, pase usted, capitán, si es tan amable,  y entra usted sin pensarlo dos veces, seguro de que saldrá a la superficie, y un segundo más tarde se halla encerrado en una cámara de tezontle sin más luz ni ventilación que las producidas por una abertura de forma indescifrable, ¿el glifo del viento, el glifo de la muerte?,  a diferencia del pasadizo allí el suelo es firme y parejo, ladrillo antiquísimo o tierra apisonada, en un rincón hay una estera que los mexicanos llaman petate, usted se tiende en ella, está cansado y temeroso pero no duerme, todo es tan irreal, parece tan ilógico y tan absurdo que usted no alcanza a ordenar las impresiones recibidas, qué vine a hacer aquí, quién demonios me mandó venir a este maldito país, cómo pude ser tan idiota de aceptar una invitación a ser asaltado, pronto llegarán a quitarme la cámara, los cheques de viajero y el pasaporte, son simples ladrones, no se atreverán a matarme,  la fatiga vence a la ansiedad, lo adormecen el olor a légamo, el rumor de conversaciones lejanas en un idioma desconocido, los pasos en el corredor subterráneo, cuando por fin abre los ojos comprende, anoche no debió haber cenado esa atroz comida mexicana, por su culpa ha tenido una pesadilla, de qué manera el  inconsciente saquea la realidad, el Museo, la escultura azteca, el vendedor de helados, el Metro, los túneles extraños y amenazantes del ferrocarril subterráneo, y cuando cerramos los ojos le da un orden o un desorden distintos,  qué descanso despertar de ese horror en un cuarto limpio y seguro del Holiday Inn, ¿habrá gritado en el sueño?, menos mal que no fue el otro, el de los vietnamitas que salen de la fosa común en las mismas condiciones en que usted los dejó pero agravadas por los años de corrupción, menos mal, qué hora es, se pregunta, extiende la mano que se mueve en el vacío y trata en vano de alcanzar la lámpara, la lámpara no está, se llevaron la mesa de noche, usted se levanta para encender la luz central de su habitación,  en ese instante irrumpen en la celda del subsuelo los hombres que lo llevan a la Piedra de Ahuizotl, la gran mesa circular acanalada, en una de las pirámides gemelas que forman el Templo Mayor de México-Tenochtitlan, lo aseguran contra la superficie de basalto, le abren el pecho con un cuchillo de obsidiana, le arran-can el corazón, abajo danzan, abajo tocan su música tristísima, y lo levantan para ofrecerlo como alimento sagrado al dios-jaguar, al sol que viajó por las selvas de la noche, y ahora, mientras su cuerpo, capitán Keller, su cuerpo deshilvanado rueda por la escalinata de la pirámide, con la fuerza de la sangre que acaban de ofrendarle el sol renace en forma de águila sobre México-Tenochtitlan, el sol eterno entre los dos volcanes.
Andrés Quintana escribió entre guiones el número 78 en la hoja de papel revolución que acababa de introducir en la máquina eléctrica Smith-Corona y se volvió hacia la izquierda para leer la página de The Population Bomb. En ese instante un grito lo apartó de su trabajo: -FBI. Arriba las manos. No se mueva-. Desde las cuatro de la tarde el televisor había sonado a todo volumen en el departamento contiguo. Enfrente los jóvenes que formaban un conjunto de rock atacaron el mismo pasaje ensayado desde el mediodía:
Where's your momma gone?
Where's your momma gone?
Little baby don
Little baby don
Where's your momma gone?
Where's your momma gone?
Far, far away.
Se puso de pie, cerró la ventana abierta sobre el lúgubre patio interior, volvió a sentarse al escritorio y releyó:
SCENARIO II. En 1979 the last non-Communist Government in Latin America, that of Mexico, is replaced by a Chinese supported military junta. The change occurs at the end of a decade of frustration and failure for the United States.
Famine has swept repeatedly across Africa and South America. Food riots have often became anti-American riots.
Meditó sobre el término que traduciría mejor la palabra scenario. Consultó la sección English/Spanish del New World. "Libreto, guión, argumento." No en el contexto. ¿Tal vez "posibilidad, hipótesis"? Releyó la primera frase y con el índice de la mano izquierda (un accidente infantil le había paralizado la derecha) escribió a gran velocidad:
En 1979 el gobierno de México (¿el gobierno mexicano?), último no-comunista que quedaba en América Latina (¿Latinoamérica, Hispanoamérica, Iberoamérica, la América española?), es reemplazado (¿derrocado?) por una junta militar apoyada por China (¿con respaldo chino?)
Al terminar Andrés leyó el párrafo en voz alta: -"que quedaba", suena horrible. Hay dos "pores" seguidos. E "ina-ina". Qué prosa. Cada vez traduzco peor-. Sacó la hoja y bajo el antebrazo derecho la prensó contra la mesa para romperla con la mano izquierda. Sonó el teléfono.
-Diga.
-Buenas tardes. ¿Puedo hablar con el señor Quintana?
-Sí, soy yo.
-Ah, quihúbole, Andrés, como estás, qué me cuentas.
-Perdón... ¿quién habla?
-¿Ya no me reconoces? Claro, hace siglos que no conversamos. Soy Arbeláez y te voy a dar lata como siempre.
-Ricardo, hombre, qué gusto, qué sorpresa. Llevaba años sin saber de ti.
-Es increíble todo lo que me ha pasado. Ya te contaré cuando nos reunamos. Pero antes déjame decirte que me embarqué en un proyecto sensacional y quiero ver si cuento contigo.
-Sí, cómo no. ¿De qué se trata?
-Mira, es cuestión de reunimos y conversar. Pero te adelanto algo a ver si te animas. Vamos a sacar una revista como no hay otra en Mexiquito. Aunque es difícil calcular estas cosas, creo que va a salir algo muy especial.
-¿Una revista literaria?
-Bueno, en parte. Se trata de hacer una especie de Esquire en español. Mejor dicho, una mezcla de Esquire, Playboy, Penthouse y The New Yorker -¿no te parece una locura?- pero desde luego con una proyección latina.
-Ah, pues muy bien -dijo Andrés en el tono más desganado.
-¿Verdad que es buena onda el proyecto? Hay dinero, anunciantes, distribución, equipo: todo. Meteremos publicidad distinta según los países y vamos a imprimir en Panamá. Queremos que en cada número haya reportajes, crónicas, entrevistas, caricaturas, críticas, humor, secciones fijas, un "desnudo del mes" y otras dos encueradas, por supuesto, y también un cuento inédito escrito en español.
-Me parece estupendo.
-Para el primero se había pensado en comprarle uno a Gabo... No estuve de acuerdo: insistí en que debíamos lanzar con proyección continental a un autor mexicano, ya que la revista se hace aquí en Mexiquito, tiene ese defecto, ni modo. Desde luego, pensé en ti, a ver si nos haces el honor.
-Muchas gracias, Ricardo. No sabes cuánto te agradezco.
-Entonces ¿aceptas?
-Sí, claro... Lo que pasa es que no tengo ningún cuento nuevo... En realidad hace mucho que no escribo. -¡No me digas! ¿Yeso?
-Pues... problemas, chamba, desaliento... En fin, lo de siempre.
-Mira, olvídate de todo y siéntate a pensar en tu relato ahora mismo. En cuanto esté me lo traes. Supongo que no tardarás mucho. Queremos sacar el primer número en diciembre para salir con todos los anuncios de fin de año... A ver: ¿a qué estamos...? 12 de agosto... Sería perfecto que me lo entregaras... el día primero no se trabaja, es el informe presidencial... el 2 de septiembre ¿te parece bien?
-Pero, Ricardo, sabes que me tardo siglos con un cuento... Hago diez o doce versiones... Mejor dicho: me tardaba, hacía.
-Oye, debo decirte que por primera vez en este pinche país se trata de pagar bien, como se merece, un texto literario. A nivel internacional no es gran cosa, pero con base en lo que suelen darte en Mexiquito es una fortuna... He pedido para ti mil quinientos dólares.
-¿Mil quinientos dólares por un cuento?
-No está nada mal ¿verdad? Ya es hora de que se nos quite lo subdesarrollados y aprendamos a cobrar nuestro trabajo... De manera, mi querido Ricardo, que te me vas poniendo a escribir en este instante. Toma mis datos, por favor.
Andrés apuntó la dirección y el teléfono en la esquina superior derecha de un periódico en el que se leía: HAY QUE FORTALECER LA SITUACIÓN PRIVILEGIADA QUE
TIENE MÉXICO DENTRO DEL TURISMO MUNDIAL. Abundó en expresiones de gratitud hacia Ricardo. No quiso continuar la traducción. Ansiaba la llegada de su esposa para contarle del milagro.
Hilda se asombró: Andrés no estaba quejumbroso y desesperado como siempre. Al ver su entusiasmo no quiso disuadirlo, por más que la tentativa de empezar y terminar el cuento en una sola noche le parecía condenada al fracaso. Cuando Hilda se fue a dormir Andrés escribió el título, LA FIESTA BRAVA, y las primeras palabras: "La tierra parece ascender".
Llevaba años sin trabajar de noche con el pretexto de que el ruido de la máquina molestaba a sus vecinos. En realidad tenía mucho sin hacer más que traducciones y prosas burocráticas. Andrés halló de niño su vocación de cuentista y quiso dedicarse sólo a este género. De adolescente su biblioteca estaba formada sobre todo por colecciones de cuentos. Contra la dispersión de sus amigos él se enorgullecía de casi no leer poemas, novelas, ensayos, dramas, filosofía, historia, libros políticos, y frecuentar en cambio los cuentos de los grandes narradores vivos y muertos.
Durante algunos años Andrés cursó la carrera de arquitectura, obligado como hijo único a seguir la profesión de su padre. Por las tardes iba como oyente a los cursos de Filosofía y Letras que pudieran ser útiles para su formación como escritor. En la Ciudad Universitaria recién inaugurada Andrés conoció al grupo de la revista Trinchera, impresa en papel sobrante de un diario de nota roja, y a su director Ricardo Arbeláez, que sin decirlo actuaba como maestro de esos jóvenes.
Ya cumplidos los treinta y varios años después de haberse titulado en Derecho, Arbeláez quería doctorarse en literatura y convertirse en el gran crítico que iba a establecer un nuevo orden en las letras mexicanas. En la Facultad y en el Café de las Américas hablaba sin cesar de sus proyectos: una nueva historia literaria a partir de la estética marxista, y una gran novela capaz de representar para el México de aquellos años lo que En busca del tiempo perdido significó para Francia. Él insinuaba que había roto con su familia aristocrática, una mentira a todas luces, y por tanto haría su libro con verdadero conocimiento de causa. Hasta entonces su obra se limitaba a reseñas siempre adversas y a textos contra el PRI y el gobierno de Ruiz Cortines.
Ricardo era un misterio aun para sus más cercanos amigos. Se murmuraba que tenía esposa e hijos y, contra sus ideas, trabajaba por las mañanas en el bufete de un abogángster, defensor de los indefendibles y famoso por sus escándalos. Nadie lo visitó nunca en su oficina ni en su casa. La vida pública de Arbeláez empezaba a las cuatro de la tarde en la Ciudad Universitaria y terminaba a las diez de la noche en el Café de las Américas.
Andrés siguió las enseñanzas del maestro y publicó sus primeros cuentos en Trinchera. Sin renunciar a su actitud crítica ni a la exigencia de que sus discípulos escribieran la mejor prosa y el mejor verso posibles, Ricardo consideraba a Andrés "el cuentista más prometedor de la nueva generación". En su balance literario de 1958 hizo el elogio definitivo: "Para narrar, nadie como Quintana".
Su preferencia causó estragos en el grupo. A partir de entonces Hilda se fijó en Andrés. Entre todos los de Trinchera sólo él sabía escucharla y apreciar sus poemas.

Sin embargo, no había intimado con ella porque Hilda estaba siempre al lado de Ricardo. Su relación jamás quedó clara. A veces parecía la intocada discípula y admiradora de quien les indicaba qué leer, qué opinar, cómo escribir, a quién admirar o detestar. En ocasiones, a pesar de la diferencia de edades, Ricardo la trataba como a una novia de aquella época y de cuando en cuando todo indicaba que tenían una relación mucho más íntima.
Arbeláez pasó unas semanas en Cuba para hacer un libro, que no llegó a escribir, sobre los primeros meses de la revolución. Insinuó que él había presentado a Ernesto Guevara y a Fidel Castro y en agradecimiento ambos lo invitaban a celebrar el triunfo. Esta mentira, pensó Andrés, comprobaba que Arbeláez era un mitómano. Durante su ausencia Hilda y Quintana se vieron todos los días y a toda hora. Convencidos de que no podrían separarse, decidieron hablar con Ricardo en cuanto volviera del Alba.
La misma tarde de la conversación en el café Palermo, el 28 de marzo de 1959, las fuerzas armadas rompieron la huelga ferroviaria y detuvieron a su líder Demetrio Vallejo. Arbeláez no objetó la unión de sus amigos pero se apartó de ellos y no volvió a Filosofía y Letras. Los amores de Hilda y Andrés marcaron el fin del grupo y la muerte de Trinchera.
En febrero de 1960 Hilda quedó embarazada. Andrés no dudó un instante en casarse con ella. La madre (a quien el marido había abandonado con dos hijas pequeñas) aceptó el matrimonio como un mal menor. Los señores Quintana lo consideraron una equivocación: a punto de cumplir veinticinco años Andrés dejaba los estudios cuando ya sólo le faltaba presentar la tesis y no podría sobrevivir como escritor. Ambos eran católicos y miembros del Movimiento Familiar Cristiano. Se estremecían al pensar en un aborto, una madre soltera, un hijo sin padre. Resignados, obsequiaron a los nuevos esposos algún dinero y una casita seudocolonial de las que el arquitecto había construido en Coyoacán con materiales de las demoliciones en la ciudad antigua.
Andrés, que aún seguía trabajando cada noche en sus cuentos y se negaba a publicar un libro, nunca escribió notas ni reseñas. Ya que no podía dedicarse al periodismo, mientras intentaba abrirse paso como guionista de cine tuvo que redactar las memorias de un general revolucionario. Ningún script satisfizo a los productores. Por su parte Arbeláez empezó a colaborar cada semana en México en la Cultura. Durante un tiempo sus críticas feroces fueron muy comentadas.
Hilda perdió al niño en el sexto mes de embarazo. Quedó incapacitada para concebir, abandonó la Universidad y nunca más volvió a hacer poemas. El general murió cuando Andrés iba a la mitad del segundo volumen. Los herederos cancelaron el proyecto. En 1901 Hilda y Andrés se mudaron a un sombrío departamento interior de la colonia Roma. El alquiler de su casa en Coyoacán completaría lo que ganaba Andrés traduciendo libros para una empresa que fomentaba el panamericanismo, la Alianza para el Progreso y la imagen de John Fiztgerald Kennedy. En el Suplemento por excelencia de aquellos años Arbeláez (sin mencionar a Andrés) denunció a la casa editorial como tentáculo de la CIA. Cuando la inflación pulverizó su presupuesto, las amistades familiares obtuvieron para  Andrés la plaza de corrector ele estilo en la Secretaría de Obras Públicas. Hilda quedó empleada, como su hermana, en la boutique Madame Marnat en la Zona Rosa.
En 1962 Sergio Galindo, en la serie Ficción de la Universidad Veracruzana, publicó Fabulaciones, el primer y último libro de Andres Quintana. Fabulaciones tuvo la mala suerte de salir al mismo tiempo y en la misma colección que la segunda obra de Gabriel García Márquez, Los funerales de la Mamá Grande, y en los meses de Aura y La muerte de Artemio Cruz. Se vendieron ciento treinta y cuatro de sus dos mil ejemplares y Andrés compró otros setenta y cinco. Hubo una sola reseña escrita por Ricardo en el nuevo suplemento La Cultura en México. Andrés le mandó una carta de agradecimiento. Nunca supo si había llegado a manos de Arbeláez.
Después las revistas mexicanas dejaron durante mucho tiempo de publicar narraciones breves y el auge de la novela hizo que ya muy pocos se interesaran por escribirlas. Edmundo Valadés inició El Cuento en 1964 y reprodujo a lo largo de varios años algunos textos de Fabulaciones. Joaquín Díez-Canedo le pidió una nueva colección para la Serie del Volador de su editorial Joaquín Mortiz. Andrés le prometió al subdirector, Bernardo Giner de los Ríos, que en marzo de 1966 iba a entregarle el nuevo libro. Concursó en vano por la beca del Centro Mexicano de Escritores. Se desalentó), pospuso el volver a escribir para una época en que todos sus problemas se hubieran resuelto e Hilda y su hermana pudiesen independizarse de Madame Marnat y establecer su propia tienda.
Ricardo había visto interrumpida su labor cuando se suicidó un escritor víctima de un comentario. No hubo en el medio nadie que lo defendiera del escándalo. En cambio el abogángster salió a los periódicos y argumentó: Nadie se quita la vida por una nota de mala fe; el señor padecía suficientes problemas y enfermedades como para negarse a seguir viviendo. El suicidio y el resentimiento acumulado hicieron que la ciudad se le volviera irrespirable a Ricardo. Al no hallar editor para lo que iba a ser su tesis, tuvo que humillarse a imprimirla por su cuenta. El gran esfuerzo de revisar la novela mexicana halló un solo eco: Rubén Salazar Mallén, uno de los más antiguos críticos, lamentó como finalmente reaccionaria la aplicación dogmática de las teorías de Georg Lucáks. El rechazo de su modelo a cuanto significara vanguardismo, fragmentación, alienación, condenaba a Arbeláez a no entender los libros de aquel momento y destruía sus pretensiones de novedad y originalidad. Hasta entonces Ricardo había sido el juez y no el juzgado. Se deprimió pero tuvo la nobleza de admitir que Salazar Mallén acertaba en sus objeciones.
Como tantos que prometieron todo, Ricardo se estrelló contra el muro de México. Volvió por algún tiempo a La Habana y luego obtuvo un puesto como profesor de español en Checoslovaquia. Estaba en Praga cuando sobrevino la invasión soviética de 1968. Lo último que supieron Hilda y Andrés fue que había emigrado a Washington y trabajaba para la OEA. En un segundo pasaron los sesenta, cambió el mundo, Andrés cumplió treinta años en 1966, México era distinto y otros jóvenes llenaban los sitios donde entre 1955 y 1960 ellos escribieron, leyeron, discutieron, aprendieron, publicaron Trinchera, se amaron, se apartaron, siguieron su camino o se frustraron.
Sea como fuere, Andrés le decía a Hilda por las noches, mi vocación era escribir y de un modo o de otro la estoy cumpliendo. / Al fin y al cabo las traducciones, los folletos y aun los oficios burocráticos pueden estar tan bien escritos como un cuento ¿no crees? / Sólo por un concepto elitista y arcaico puede creerse que lo único válido es la llamada "literatura de creación" ¿no te parece? / Además no quiero competir con los escritorzuelos mexicanos inflados por la publicidad; noveluchas como las que ahora tanto elogian los seudocríticos que padecemos, yo podría hacerlas de a diez por año ¿verdad? / Hilda, cuando estén hechos polvo todos los libros que hoy tienen éxito en México, alguien leerá Fabulaciones y entonces... /
Y ahora por un cuento -el primero en una década, el único posterior a Fabulaciones- estaba a punto de recibir lo que ganaba en meses de tardes enteras ante la máquina traduciendo lo que definía como ilegibros. Iba a pagar sus deudas de oficina, a comprarse las cosas que le faltaban, a comer en restaurantes, a irse de vacaciones con Hilda. Gracias a Ricardo había recuperado su impulso literario y dejaba atrás los pretextos para ocultarse su fracaso esencial:
En el subdesarrollo no se puede ser escritor. / Estamos en 1971: el libro ha muerto: nadie volverá a leer nunca: ahora lo que me interesa son los mass media. / Bueno, cuando se trata de escribir todo sirve, no hay trabajo perdido: de mi experiencia burocrática, ya verás, saldrán cosas. /
Con el índice de la mano izquierda escribió "los arrozales flotan en el aire" y prosiguió sin detenerse. Nunca antes lo había hecho con tanta fluidez. A las cinco de la mañana puso el punto final en "entre los dos volcanes". Levó sus páginas v sintió una plenitud desconocida. Cuando se fue a dormir se había fumado una cajetilla de Viceroy y bebido cuatro coca colas pero acababa de terminar LA FIESTA BRAVA.
Andrés se levantó a las once. Se bañó, se afeitó y llamó por teléfono a Ricardo.
-No puede ser. Ya lo tenías escrito.
-Te juro que no. Lo hice anoche. Voy a corregirlo y a pasarlo en limpio. A ver qué te parece. Ojalá funcione. ¿Cuándo te lo llevo?
-Esta misma noche si quieres. Te espero a las nueve en mi oficina.
-Muy bien. Allí estaré a las nueve en punto. Ricardo, de verdad, no sabes cuánto te lo agradezco.
-No tienes nada que agradecerme, Andrés. Te mando un abrazo.
Habló a Obras Públicas para disculparse por su ausencia ante el jefe del departamento. Hizo cambios a mano y reescribió el cuento a máquina. Comió un sándwich de mortadela casi verdosa. A las cuatro emprendió una última versión en papel bond de Kimberly Clark. Llamó a Hilda a la boutique de Madame Marnat. Le dijo que había terminado el cuento e iba a entregárselo a Arbeláez. Ella le contestó:
-De seguro vas a llegar tarde. Para no quedarme sola iré al cine con mi hermana.
-Ojalá pudieran ver Ceremonia secreta. Es de Joseph Losey.
-Sí, me gustaría. ¿No sabes en qué cine la pasan?
Bueno, te felicito por haber vuelto a escribir. Que te vaya bien con Ricardo.
A las ocho v media Andrés subió al metro en la estación Insurgentes. Hizo el cambio en Balderas, descendió en Juárez y llegó puntual a la oficina. La secretaria era tan hermosa que él se avergonzó de su delgadez, su baja estatura, su ropa gastada, su mano tullida. A los pocos minutos la joven le abrió las puertas de un despacho iluminado en exceso. Ricardo Arbeláez se levantó del escritorio y fue a su encuentro para abrazarlo.
Doce años habían pasado desde aquel 28 de marzo de 1959. Arbeláez le pareció irreconocible con el traje de Shantung azul-turquesa, las patillas, el bigote, los anteojos sin aro, el pelo entrecano. Andrés volvió a sentirse fuera de lugar en aquella oficina de ventanas sobre la Alameda y paredes cubiertas de fotomurales con viejas litografías de la ciudad.
Se escrutaron por unos cuantos segundos. Andrés sintió forzada la actitud antinostálgica, de como decíamos ayer, que adoptaba Ricardo. Ni una palabra acerca de la vieja época, ninguna pregunta sobre Hílela, ni el menor intento de ponerse al corriente y hablar de sus vidas durante el largo tiempo en que dejaron de verse. Creyó que la cordialidad telefónica no tardaría en romperse.
Me trajo a su terreno. / Va a demostrarme su poder. / El ha cambiado. / Yo también. / Ninguno de los dos es lo que quisiera haber sido. / Ambos nos traicionamos a nosotros mismos. / ¿A quién le fue peor?
Para romper la tensión Arbeláez lo invitó a sentarse en el sofá de cuero negro. Se colocó frente a él y le ofreció) un Benson & Hedges (antes fumaba Delicados).
Andrés sacó del portafolios LA FIESTA BRAVA. Ricardo apreció la mecanografía sin una sola corrección manuscrita. Siempre lo admiraron los originales impecables de Andrés, tanto más asombrosos porque estaban hechos a toda velocidad y con un solo dedo.
-Te quedó de un tamaño perfecto. Ahora, si me permites un instante, voy a leerlo con Mr. Hardwick, el editor-in-chief la revista. Es de una onda muy padre. Trabajó en Time Magazine. ¿Quieres que te presente con él?
-No, gracias. Me da pena.
-¿Pena por qué? Sabe de ti. Te está esperando. -No hablo inglés.
-¡Cómo! Pero si has traducido miles de libros. -Quizá por eso mismo.
-Sigues tan raro como siempre. ¿Te ofrezco un whisky, un café? Pídele a Viviana lo que desees.
Al quedarse solo Andrés hojeó las publicaciones que estaban en la mesa frente al sofá y se detuvo en un anuncio:
Located on 150 000 feel of Revolcadero Beach and rising 16 stones like an Aztec Pyramid, the $40 million Acapulco Princess Hotel and Club de Golf opened as this jet-set resort's largest and most lavish yet... One of the most spectacular hotels you will ever see, it has a lobby modeled like an Aztec temple with sunlight and moonlight filtering through the translucent roof. The 20 000 feet lobby's atrium is complemented by 60 feet palm-trees, a flowing lagoon and Mayan sculpture.
Pero estaba inquieto, no podía concentrarse. Miró por la ventana la Alameda sombría, la misteriosa ciudad, sus luces indescifrables. Sin que él se lo pidiera Viviana entró a servirle café y luego a despedirse y a desearle suerte con una amabilidad que lo aturdió aún más. Se puso de pie, le estrechó la mano, hubiera querido decirle algo pero sólo acertó a darle las gracias. Se había tardado en reconocer lo más evidente: la muchacha se parecía a Hilda, a Hilda en 1959, a Hilda con ropa como la que vendía en la boutique de Madame Marnat pero no alcanzaba a comprarse. Alguien, se dijo Andrés, con toda seguridad la espera en la entrada del edificio. / Adiós, Viviana, no volveré a verte.
Dejó enfriarse el café y volvió a observar los fotomurales. Lamentó la muerte de aquella ciudad de México. Imaginó el relato de un hombre que de tanto mirar una litografía termina en su interior, entre personajes de otro mundo. Incapaz de salir, ve desde 1855 a sus contemporáneos que lo miran inmóvil y unidimensional una noche de septiembre de 1971.
En seguida pensó: Ese cuento no es mío, / otro lo ha escrito, / acabo de leerlo en alguna parte. / O tal vez no: lo he inventado aquí en esta extraña oficina, situada en el lugar menos idóneo para una revista con tales pretensiones. / En realidad me estoy evadiendo: aún no asimilo el encuentro con Ricardo. /
¿Habrá dejado de pensar en Hilda? / ¿Le seguiría gustando si la viera tras once años de matrimonio con el fiasco más grande de su generación? / "Para fracasar, nadie como Quintana", escribiría ahora si hiciera un balance de la narrativa actual. / ¿Cuáles fueron sus verdaderas relaciones con Hilda? / ¿Por qué ella sólo ha querido contarme vaguedades acerca de la época que pasó con Ricardo? / ¿Me tendieron una trampa, me cazaron para casarme a fin de que él, en teoría, pudiera seguir libre de obligaciones domésticas, irse de México, realizarse como escritor en vez de terminar como un burócrata que traduce ilegibros pagados a trasmano por la CIA? / ¿No es vil y canalla desconfiar de la esposa que ha resistido a todas mis frustraciones y depresiones para seguir a mi lado? ¿No es un crimen calumniar a Ricardo, mi maestro, el amigo que por simple generosidad me tiende la mano cuando más falta me hace? /
Y ¿habrá escrito su novela Ricardo? / ¿La llegará a escribir algún día? / ¿Por que el director de Trinchera, el crítico implacable de todas las corrupciones literarias y humanas, se halla en esta oficina y se dispone a hacer una revista que ejemplifica todo aquello contra lo que luchamos en nuestra juventud? / ¿Por qué yo mismo respondí con tal entusiasmo a una oferta sin explicación lógica posible? /
¿Tan terrible es el país, tan terrible es el mundo, que en él todas las cosas son corruptas o corruptoras y nadie puede salvarse? / ¿Qué pensará de mí Ricardo? / ¿Me aborrece, me envidia, me desprecia? / ¿Habrá alguien capaz de envidiarme en mis humillaciones y fracasos? / Cuando menos tuve la fuerza necesaria para hacer un libro de cuentos. Ricardo no. / Su elogio de Fabulaciones y ahora su oferta, desmedida para un escritor que ya no existe, ¿fueron gentilezas, insultos, manifestaciones de culpabilidad o mensajes cifrados para Hilda? / El dinero prometido ¿paga el talento de un narrador a quien ya nadie recuerda? / ¿O es una forma de ayudar a Hilda al saber (¿Por quién? ¿Tal vez por ella misma?) de la rancia convivencia, las dificultades conyugales, el malhumor del fracasado, la burocracia devastadora, las ineptas traducciones de lo que no se leerá nunca, el horario mortal de Hilda en la boutique de Madame Marnat?
Dejó de hacerse preguntas sin respuesta, de dar vueltas por el despacho alfombrado, de fumar un Viceroy tras otro. Miró su reloj: Han pasado casi dos horas. / La tardanza es el peor augurio. / ¿Por que este procedimiento insólito cuando lo habitual es dejarle el texto al editor y esperar sus noticias para dentro de quince días o un mes? / ¿Cómo es posible que permanezcan hasta medianoche con el único objeto de decidir ahora mismo sobre una colaboración más entre las muchas solicitadas para una revista que va a salir en diciembre?
Cuando se abrió de nuevo la puerta por la que había salido Viviana y apareció Ricardo con el cuento en las manos, Andrés se dijo: / Ya viví este momento. / Puedo recitar la continuación. /
-Andrés, perdóname. Nos tardamos siglos. Es que estuvimos dándole vueltas y vueltas a tu historia.
También en el recuerdo imposible de Andrés, Ricardo había dicho historia, no cuento. Un anglicismo, desde luego. / No importa. / Una traducción mental de story, de short story. / Sin esperanza, seguro de la respuesta, se atrevió a preguntar:
-¿Y qué les pareció?
-Mira, no sé cómo decírtelo. Tu narración me gusta, es interesante, está bien escrita... Sólo que, como en Mexiquito no somos profesionales, no estamos habituados a hacer cosas sobre pedido, sin darte cuenta bajaste el nivel, te echaste algo como para otra revista, no para la nuestra. ¿Me explico? LA FIESTA BRAVA resulta un maquinazo, tienes que reconocerlo. Muy digno, como siempre fueron tus cuentos, y a pesar de todo un maquinazo. Sólo Chejov y Maupassant pudieron hacer un gran cuento en tan poco tiempo.
Andrés hubiera querido decirle: / Lo escribí en unas horas, lo pensé años enteros. / Sin embargo no contestó. Miró azorado a Ricardo y en silencio se reprochó: / Me duele menos perder el dinero que el fracaso literario y la humillación ante Arbeláez. / Pero ya Ricardo continuaba:
-De verdad créemelo, no sabes cuánto lamento esta situación. Me hubiera encantado que Mr. Hardwick aceptara LA FIESTA BRAVA. Ya ves, fuiste el primero a quien le hablé.
-Ricardo, las excusas salen sobrando: di que no sirve y se acabó. No hay ningún problema.
El tono ofendió a Arbeláez. Hizo un gesto para controlarse y añadió:
Sí hay problemas. Te falta precisión. No se ve al personaje. Tienes párrafos confusos -el último, por ejemplo- gracias a tu capricho de sustituir por comas los demás signos de puntuación. ¿Vanguardismo a estas alturas? Por favor, Andrés, estamos en 1971, Joyce escribió hace medio siglo. Bueno, si te parece poco, tu anécdota es irreal en el peor sentido. Además eso del "sustrato prehispánico enterrado pero vivo" ya no aguanta, en serio ya no aguanta. Carlos Fuentes agotó el tema. Desde luego tú lo ves desde un ángulo distinto, pero de todos modos... El asunto se complica porque empleas la segunda persona, un recurso que hace mucho perdió su novedad y acentúa el parecido con Aura y La muerte de Artemio Cruz. Sigues en 1962, tal parece.
-Ya todo se ha escrito. Cada cuento sale de otro cuento. Pero, en fin, tus objeciones son irrebatibles excepto en lo de Fuentes. Jamás he leído un libro suyo. No leo literatura mexicana... Por higiene mental. -Andrés comprendió tarde que su arrogancia de perdedor sonaba a hueco.
-Pues te equivocas. Deberías leer a los que escriben junto a ti... Mira, LA FIESTA BRAVA me recuerda también un cuento de Cortázar.
-¿"La noche boca arriba"?
-Exacto.
-Puede ser.
-Y ya que hablamos de antecedentes, hay un texto de Rubén Darío: "Huitzilopochtli". Es de lo último que escribió. Un relato muy curioso de un gringo en la revolución mexicana y de unos ritos prehispánicos.
-¿Escribió cuentos Darío? Creí que sólo había sido poeta... Bueno, pues me retiro, desaparezco.
-Un momento: falta el colofón. A Mr. Hardwick la trama le pareció burda y tercermundista, de un antiyanquismo barato. Puro lugar común. Encontró no sé cuántos símbolos.
-No hay ningún símbolo. Todo es directo. -El final sugiere algo que no está en el texto y que, si me perdonas, considero estúpido. -No entiendo.
-Es como si quisieras ganarte a los acelerados de la Universidad o tuvieras nostalgia de nuestros ingenuos tiempos en Trinchera: "México será la tumba del imperialismo norteamericano, del mismo modo que en el siglo XIX hundió las aspiraciones de Luis Bonaparte, Napoleón III". ¿No es así? Discúlpame, Andrés, te equivocaste. Mr. Hardwick también está contra la guerra de Vietnam, por supuesto, y sabes que en el fondo mi posición no ha variado: cambió el mundo ¿no es cierto? Pero, Andrés, en qué cabeza cabe, a quién se le ocurre traer a una revista con fondos de allá arriba un cuento en que proyectas deseos -conscientes, inconscientes o subconscientes- de ahuyentar el turismo y de chingarte a los gringos. ¿Prefieres a los rusos? Yo los vi entrar en Praga para acabar con el único socialismo que hubiera valido la pena.
-Quizá tengas razón. A lo mejor yo solo me puse la trampa.
-Puede ser, who knows. Pero mejor no psicoanalicemos porque vamos a concluir que tal vez tu cuento es una agresión disfrazada en contra mía.
-No, cómo crees -Andrés fingió reír con Ricardo, hizo una pausa y añadió-: Bueno, muchas gracias de cualquier modo.
-Por favor, no lo tomes así, no seas absurdo. Espero otra cosa tuya aunque no sea para el primer número. Andrés, esta revista no trabaja a la mexicana: lo que se encarga se paga. Aquí tienes: son doscientos dólares nada más, pero algo es algo.
Ricardo tomó de su cartera diez billetes de veinte dólares. Andrés pensó que el gesto lo humillaba y no extendió la mano para recibirlos.
-No te sientas mal aceptándolos. Es la costumbre en Estados Unidos. Ah, si no te molesta, fírmame este recibo y déjame unos días tu original para mostrárselo al administrador y justificar el pago. Después te lo mando con un office boy, porque el correo en este país...
-Muy bien. Gracias de nuevo. Intentaré traerte alguna otra cosa.
-Tómate tu tiempo y verás como al segundo intento habrá suerte. Los gringos son muy profesionales, muy perfeccionistas. Si mandan rehacer tres veces una nota de libros, imagínate lo que exigen de un cuento. Oye, el pago no te compromete a nada: puedes meter tu historia en cualquier revista local.
-Para qué. No sirvió. Mejor nos olvidamos del asunto... ¿Te quedas?
-Sí, tengo que hacer unas llamadas.
-¿A esta hora? Ya es muy tarde ¿no?
-Tardísimo, pero mientras orbitamos la revista hay que trabajar a marchas forzadas... Andrés, te agradezco mucho que hayas cumplido el encargo y por favor salúdame a Hilda.
-Gracias, Ricardo. Buenas noches.
Salió al pasillo en tinieblas en donde sólo ardían las luces en el tablero del elevador. Tocó el timbre y poco después se abrió la jaula luminosa. Al llegar al vestíbulo le abrió la puerta de la calle un velador soñoliento, la cara oculta tras una bufanda. Andrés regresé) a la noche de México. Fue hasta la estación Juárez y bajé) a los andenes solitarios.
Abrió el portafolios en busca de algo para leer mientras llegaba el metro. Encontró la única copia al carbón de LA FIESTA BRAVA. La rompió y la arrojó al basurero. Hacía calor en el túnel. De pronto lo bañé) el aire desplazado por el convoy que se detuvo sin ruido. Subió, hizo otra vez el cambio en Balderas y tomó asiento en una banca individual. Sólo había tres pasajeros adormilados. Andrés sacó del bolsillo el fajo de dólares, lo contemplé) un instante y lo guardó en el portafolios. En el cristal de la puerta miré) su reflejo impreso por el juego entre la luz del interior y las tinieblas del túnel.
/ Cara de imbécil. / Si en la calle me topara conmigo mismo sentiría un infinito desprecio. / Cómo pude exponerme a una humillación de esta naturaleza. / Cómo voy a explicársela a Hilda. / Todo es siniestro. / Por qué no chocará el metro. / Quisiera morirme. /
Al ver que los tres hombres lo observaban Andrés se dio cuenta de que había hablado casi en voz alta. Desvió la mirada y para ocuparse en algo descorrió el cierre del portafolios y cambió de lugar los dólares.
Bajó en la estación Insurgentes. Los magnavoces anunciaban el último viaje de esa noche. Todas las puertas iban a cerrarse. De paso leyó una inscripción grabada a punta de compás sobre un anuncio de Coca Cola: ASESINOS, NO OLVIDAMOS TLATELOLCO Y SAN COSME. / Debe decir: "ni San Cosme", / corrigió Andrés mientras avanzaba hacia la salida. Arrancó el tren que iba en dirección de Zaragoza. Antes de que el convoy adquiriera velocidad, Andrés advirtió entre los pasajeros del último vagón a un hombre de camisa verde y aspecto norteamericano.
El capitán Keller ya no alcanzó a escuchar el grito que se perdió en la boca del túnel. Andrés Quintana se apresuró a subir las escaleras en busca de aire libre. Al llegar a la superficie, con su única mano hábil empujó la puerta giratoria. No pudo ni siquiera abrir la boca cuando lo capturaron los tres hombres que estaban al acecho.





martes, 17 de junio de 2014

Canción Desesperada. Pablo Neruda

Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy.
El río anuda al mar su lamento obstinado.

Abandonado como los muelles en el alba.
Es la hora de partir, oh abandonado!

Sobre mi corazón llueven frías corolas.
Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos!

En ti se acumularon las guerras y los vuelos.
De ti alzaron las alas los pájaros del canto.

Todo te lo tragaste, como la lejanía.
Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue
           naufragio!

Era la alegre hora del asalto y el beso.
La hora del estupor que ardía como un faro.

Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego,
turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio!

En la infancia de niebla mi alma alada y herida.
Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!

Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo.
Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio!

Hice retroceder la muralla de sombra,
anduve más allá del deseo y del acto.

Oh carne, carne mía, mujer que amé y perdí,
a ti en esta hora húmeda, evoco y hago canto.

Como un vaso albergaste la infinita ternura,
y el infinito olvido te trizó como a un vaso.

Era la negra, negra soledad de las islas,
y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos.

Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta.
Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro.

Ah mujer, no sé cómo pudiste contenerme
en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos!

Mi deseo de ti fue el más terrible y corto,
el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido.

Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas,
aún los racimos arden picoteados de pájaros.

Oh la boca mordida, oh los besados miembros,
oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados.

Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo
en que nos anudamos y nos desesperamos.

Y la ternura, leve como el agua y la harina.
Y la palabra apenas comenzada en los labios.

Ése fue mi destino y en él viajó mi anhelo,
y en él cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio!

Oh sentina de escombros, en ti todo caía,
qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron.

De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste
de pie como un marino en la proa de un barco.

Aún floreciste en cantos, aún rompiste en corrientes.
Oh sentina de escombros, pozo abierto y amargo.

Pálido buzo ciego, desventurado hondero,
descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!

Es la hora de partir, la dura y fría hora
que la noche sujeta a todo horario.

El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa.
Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros.

Abandonado como los muelles en el alba.
Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos.

Ah más allá de todo. Ah más allá de todo.

Es la hora de partir. Oh abandonado!

viernes, 13 de junio de 2014

El Ahijado de la Muerte. Hermanos Grimm

Un pobre hombre tenía doce hijos y necesitaba trabajar día y noche para poder darles pan. Cuando el decimotercero vino al mundo, no supo encontrar solución a su necesidad, corrió a la carretera y quiso pedirle al primero que encontrase que fuera su compadre. El primero al que encontró fue a Dios. Él sabía ya lo que angustiaba al hombre y dijo:
- Pobre hombre, me das pena. Yo seré el padrino, cuidaré de él y lo haré feliz en la tierra.
El hombre dijo:
- ¿Quién eres tú?
- Yo soy Dios.
- Pues no te quiero como compadre -dijo el hombre-. Tú das a los ricos y dejas que los pobres pasen hambre.
Esto lo dijo el hombre porque no sabía lo sabiamente que Dios reparte la pobreza y la riqueza. Por tanto, se alejó del Señor y prosiguió su camino. Entonces, se le acercó el diablo y dijo:
- ¿Qué buscas? Si me quieres de padrino de tu hijo, le daré oro en abundancia y todos los placeres del mundo.
El hombre preguntó:
- ¿Quién eres tú?
- Yo soy el demonio.
- Entonces no te quiero por compadre -dijo el hombre-. Tú engañas y corrompes a los hombres.
Siguió andando, y en esto llegó la enjuta muerte que avanzó hasta él y dijo:
- ¿Me quieres de compadre?
El hombre dijo:
- ¿Quién eres tú?
- Yo soy la muerte, que hace a todos igual.
- Tú eres la persona indicada: te llevas tanto a los ricos como a los pobres sin hacer diferencias; tú debes ser mi compadre.
La muerte respondió:
- Yo haré a tu hijo rico y famoso, pues a aquel que me toma como amigo no le falta de nada.
El hombre dijo:
- El próximo domingo es el bautizo, así que procura llegar a tiempo.
La muerte apareció como había prometido, y fue un buen padrino. Cuando el muchacho creció, apareció una vez el padrino, y le hizo ir con él. Le llevó al bosque, le enseñó una hierba que allí crecía y dijo:
- Ahora recibirás tu regalo de ahijado. Yo te haré un médico famoso. Cuando te llamen a ver un enfermo, yo estaré allí cada vez; si estoy a la cabeza del enfermo, puedes hablar con audacia y decir que quieres curarlo, le das esta hierba y él sanará. Pero si estoy a los pies del enfermo, entonces me pertenece y tienes que decir que toda ayuda es inútil y que no lo puede salvar ningún médico en el mundo.
No transcurrió demasiado tiempo para que el joven se convirtiera en el médico más famoso del mundo. “No le hace falta más que ver al enfermo y ya sabe cómo está la cosa, si sanará o morirá”, se decía de él. Y de todos los lugares llegaba gente, le llevaban enfermos y le daban tanto oro que pronto fue un hombre rico. Entonces sucedió que el rey enfermó. El médico fue avisaco para decir si era posible la curación. Cuando llegó junto a la cama, la muerte estaba a los pies, y para el enfermo no había ya hierba alguna que sirviera para sanarle.
“Si pudiera engañar por una vez a la muerte -pensó el médico-, estoy seguro de que no lo tomará a mal, ya que soy su ahijado, y hará la vista gorda; lo intentaré”.
Cogió al enfermo y lo colocó del revés, de tal manera que la muerte pasó a estar a la cabeza del enfermo. Luego le dio la hierba y el rey se recuperó y sanó. La muerte, sin embargo, fue a ver al médico, llevaba cara larga y de pocos amigos y, amenazándole con el dedo, dijo:
- Te has burlado de mí; por ahora te lo pasaré, porque eres mi ahijado, pero si te atreves otra vez, te agarraré por el cuello y te llevaré a ti conmigo.
Poco después, cayó gravemente enferma la hija del rey. Era su única hija, él lloraba día y noche, tanto que se le cegaron los ojos e hizo saber públicamente que quien la salvara de la muerte se convertiría en su marido y heredaría la corona. El médico, cuando llegó a la cama de la enferma, vio a la muerte a sus pies. Hubiera debido acordarse de la advertencia de su padrino, pero la gran belleza de la hija del rey y la felicidad de ser su marido le trastornó tanto que hizo caso omiso de sus pensamientos. No vio que la muerte le lanzaba miradas furibundas, levantando la mano hacia arriba y amenazándole con el puño flaco; levantó a la enferma y le colocó la cabeza donde había tenido los pies. Le dio la hierba y pronto se colorearon sus mejillas y la vida volvió de nuevo.
La muerte, cuando se vio engañada por segunda vez en lo que era su propiedad, se dirigió con grandes pasos hacia el médico y dijo:
- Estás perdido, ¡ahora te toca a ti!
Le cogió con su mano helada de forma tan fuerte que no pudo oponer resistencia y le llevó a una cueva subterránea. Entonces, vio cómo ardían miles y miles de luces en hileras interminables a la vista, unas grandes, otras medianas, otras pequeñas. Cada minuto se apagaban algunas y otras volvían a arder, de tal manera que las llamitas constantemente cambiantes parecían saltar de un lado a otro.
- ¿Ves? -dijo la muerte: Estas son las luces de la vida de los hombres. Las grandes son de los niños, las medianas pertenecen a matrimonios en sus mejores años, las pequeñas pertenecen a los ancianos. Pero también, a menudo, niños y jóvenes tienen una pequeña luz.
- Muéstrame la luz de mi vida -dijo el médico, pensando que todavía era muy grande.
Pero la muerte señaló un pequeño cabito que amenazaba con apagarse y dijo:
- ¿Ves? Esa es.
- ¡Ay!, querido padrino -dijo el médico asustado-. Enciéndeme una nueva, hazlo por mí, para que pueda gozar de mi vida, ser rey y marido de la hermosa hija del rey.
- Yo no puedo -contestó la muerte-. Antes tiene que apagarse una para que prenda una nueva.
- Coloca la antigua sobre una nueva, para que arda rápidamente cuando aquella se acabe -dijo el médico.
La muerte hizo como si quisiera cumplir su deseo; acercó una gran luz, pero como quería vengarse, intencionadamente se equivocó al colocarla y el trocito se cayó y se apagó. Rápidamente el médico cayó al suelo y fue a parar él mismo a los brazos de la muerte.

martes, 10 de junio de 2014

Cancioncilla. León Tolstoi

Quise una vez y para siempre
-yo la quería desde antaño-
a ésa mujer, en cuyos ojos
bebí mi júbilo y mi daño...

Quise una vez -nunca así quise
ni así querré, como así quiero-
a ésa mujer, en cuyo espíritu
fundí mi espíritu altanero.

Quise una vez y desde nunca
-ya la querré y hasta que muera-
a ésa mujer, en cuya boca
gusté -otoñal- la Primavera.

Quise una vez -nadie así quiso
ni así querrá, que es arduo empeño-
a ésa mujer, en cuyo cálido
regazo en flor ancló mi ensueño.

Quise una vez -jamás la olvide
vivo ni muerto- a ésa mujer,
en cuyo ser de maravilla
remorí para renacer...

Y ésa mujer se llama... Nadie,
nadie lo sepa -Ella sí y yo-.
Cuando yo muera, digas -sólo-
quién amará como él amó?

Acto Amoroso. León Tolstoi

: dos se miran uno al otro
hasta que son irreales
entonces

cierran los ojos

y se tocan uno al otro
hasta que son irreales

entonces
guardan los cuerpos,

y se sueñan uno al otro
hasta que son tan reales
que despiertan
dos se miran

jueves, 5 de junio de 2014

Crónicas de Cumpleaños.

Este mes cumplo años, y de paso también meses, días, horas y segundos, se dice que hay que celebrar un año más de vida, ¡bah! Cuando tenía cinco años quizá demasiado influenciado por la televisión deseaba una fiesta sorpresa, así que como buen niño le pedí a mi mamá que me hiciera una fiesta sorpresa con muchos niños, tal como se muestra en las películas, no recuerdo muy bien quienes eran mis amigos del Kínder  pero tengo la impresión de que eran muchos y esperaba verlos en mi fiesta,  al día de hoy solo recuerdo a un niño que se llamaba (o llama) Tomás y lo recuerdo por un peculiar olor que siempre lo acompañaba, así es olía feo. Él no era mi amigo.
Recuerdo también a Carolina ella se me hacia bonita, me gustaba, una vez le hablé en el recreo y mi infalible argumento de conquista fue resaltar el exótico color verde de un insecto posado en una ventana, un grillo –Es verde, ¿Verdad?-  le dije.
 No recuerdo si obtuve respuesta, pero en ese instante me sentí como un verdadero tonto, la peor frase que podía haber ocupado, para ese momento  ignoraba:  ¿Qué era la aliteración? (repetición de sonidos consonantes (fonemas) al principio de palabras o de sílabas acentuadas, como por ejemplo en el verso de Zorrilla "el ruido con que rueda la ronca tempestad")1  aunque  era probable que ya hubiese escuchado el conocido poema de Ramón López Velarde (mi Papá siempre decía ese verso inicial: Verde que te quiero Verde) pero, siendo objetivo,  ese grillo era un insecto más grande de lo que comúnmente se puede apreciar  incluso en ese entonces cuando aún existían ciertas áreas verdes en la ciudad, digamos un poco más “salvajes”  es decir con charcos y ranas y flores silvestres en lotes baldíos y calles sin pavimentar que en épocas de lluvia se convertían en verdaderos pantanos, había amapolas silvestres meciéndose con el viento, margaritas, girasoles y maravillas, (aún hoy mi madre y mi padre conservan la última maravilla cuasi-silvestre (porque mis padres la cuidan)) las cosas eran distintas.
Los dos crecimos (Carolina y yo), con el tiempo no supe que fue de Tomás y si mejoró su higiene (que realmente no era culpa de él) a ella la vi durante toda la educación básica, (6 años de primaria  y 3 años de secundaria aquí en México) pero me volví indiferente a su presencia  no recuerdo que fue lo que a los 5 años me gustaba de ella, y que seguramente desapareció a los 6.
Pero regresando a la fiesta sorpresa, el reto lanzado a mi mamá era que, a solicitud mía me hiciera una fiesta sin que yo lo supiera… sí interesante, casi una paradoja quijotesca.
En complicidad con mi tía (hermana de mi padre) para el día de mi cumpleaños (24 del mes) idearon un fabuloso plan de camuflaje y distracción prohibiéndome  ir a visitar a mi tía en su casa (sede de la fiesta) ¡ah! estaba emocionado, mi fiesta no tan sorpresa sería realidad, mi mamá y mi tía habían subestimado mis filosas habilidades deductivas y se había perdido el elemento sorpresa pero aún así era emocionante; a mis adentros pensé que debieron  fingir haber olvidado mi cumpleaños y realizar esta super fiesta algunos días después, cuando yo estuviera triste y decepcionado de la vida. Pero de cualquier manera esperaba muchos regalos y un gran pastel con velitas.
Con cautela llegamos a la casa de mi tía, las 4 de la tarde, todo silencioso, todos escondidos tras los sillones, bajo la mesa, en la cocina, un pie dentro de la casa todos con un grito al unísono:
-¡Feliz Cumpleaños! -
Pero momento…  algo andaba mal, muchos niños, pastel en la mesa, las mañanitas, aja, pero ¿Quiénes eran esos niños?  Conocía a un par de ellos vecinos de mi tía, y ya, eso era todo, de alrededor de 20 asistentes  había visto a solo algunos pocos en alguna remota ocasión, ni hablar de haber cruzado palabra alguna con ellos, pero por lo visto ellos si se conocían entre sí, ya que jugaban y platicaban unos con otros, un regalo, mi tía me entrego una caja bastante bien envuelta en un papel propio de un regalo fantástico: una pequeña playera tipo polo de color amarillo con un bordado en el pecho, tal vez un caimán, ¡ah! y lo mejor del mundo un auto tipo jeep también de color amarillo, de fricción, era realmente imparable , lo es todavía  ya que aún lo conservo. Ese regalo valió por todos, y tenía que hacerlo ya que fue el único obsequio que recibí (seguramente mis padres me obsequiaron ropa no lo recuerdo) bueno… ahí estaba en una fiesta con desconocidos  que se comían mi pastel y se divertían mucho,  tal vez Tomás si hubiera podido ser mi amigo en ese momento, o bien habría intentado una segunda oportunidad con la hermosa Carolina…
No es la única fiesta sorpresa que tuve, años después recibí una llamada:
-¡Juan! Me mandaron a extraordinario (examen para recuperar una materia reprobada) de cálculo (no recuerdo con exactitud que materia era) necesito que vengas a mi casa para que me expliques algunas cosas-
¡Ah! Era sábado no tenía intenciones de hacer otra cosa más que descansar, (ser tan guapo es un trabajo agotador) pero…  era Ana, (así le decíamos de cariño, creo que aún lo hacemos) mmm la regañe un poco ¡cómo era posible tal irresponsabilidad! Pero ya estaba hecho y no había solución posible más que ayudarla, uno no puede negarse nunca ante un amigo que solicita ayuda, así que quedamos que  a las 4 de la tarde la visitaría en su casa, hacia pocos días que yo había cumplido 16 años.
Con una actitud todavía molesta lleve mis apuntes, la verdad no se que tan mal estaba en la materia y desde donde debíamos iniciar. Saludé a su madre cordialmente y pasamos a su cuarto,  ella salió y de inmediato regreso en medio de bullicio y risas, ¡esta vez si eran mis amigos! Los que estaban ahí para celebrar aquella pequeña complicidad llamada vida. Me sentí avergonzado por mi actitud ¿Cómo podía estar molesto por ayudar a un amigo(a)? Cuando todo lo que querían era hacerme saber cuanto me apreciaban.  La última vez que me reuní con casi todos ellos fue cuando cumplí 27.
Creo que fue precisamente cuando cumplí 27 que decidí dejar de celebrar mi cumpleaños…  y el de todos los demás, le perdí significado, ¿Acaso no es un día más? ¿Quién recuerda el día del nacimiento de Copérnico? ¿De Galileo? ¿De Tesla? ¿De Baudelaire? Si, a veces es ampliamente conocido cuando nacieron o murieron, pero nadie celebra sus días sino sus obras. Es por eso que entre mis caprichos decidí dejar de felicitar a la gente por su cumpleaños (con excepción de 1 o 2 personas que son casos extraordinarios) y me enfoque  al estudio de la alquimia (nada relacionado con Coelho) con el afán de finalmente alcanzar la inmortalidad y dejar de contar la vida por años, y empezarlo a hacer por décadas y quizá también algún día por siglos…



1 Angelo Marchese eta Joaquín Forradellas: Diccionario de retórica, crítica y terminología literaria. Barcelona: Ariel, 1982. Pp.21-22.

jueves, 29 de mayo de 2014

Capitulación.

Reconozco que sumido en la derrota
Se me antoja  lanzarme a esta hora
 a la vista de todas la gaviotas
a las playas blancas del olvido
Y  dejar por bien servido,
 el tiempo que pase por tus campiñas
Firmo el acuerdo concedido
De paz entre mi amor y tu desprecio
Que nunca fue tan grande mi ejército
Para sitiar las murallas de tu instinto
Perspicaz y desolado el “no confio”
En mis palabras limpias o profanas
Proyectadas con ímpetu sincero
¿Es este exilio mi castigo?
¿O es con lo que se reconoce mi servicio?
¿Acaso no naciste de mujer en luna llena?
¿Por qué pues,  no sientes dolor o pena?
Espero satisfecha empoderada
Disfrutes tu victoria desde la sala
Del trono de tu  palacio de venganza
Solo recuerda que de los restos de Troya
 Aun hoy,  Roma se alza
En condiciones no pugno mi derrota
Las clausulas que impongas, las acepto
Esto de perder, para mi… es nuevo
Solo
Permíteme que entierre  a mis muertos.
Ya que todo lo mío ya lo tienes
Mi tributo a pagar será desprecio.

martes, 27 de mayo de 2014

Los Locos Siempre me han Amado. Charles Bukowski

Y los subnormales
a lo largo de párvulos
primaria
secundaria
universidad
los no queridos
se prendían
de mí.
los mancos
los epilépticos
los tartamudos
los tuertos,
cobardes
misántropos
asesinos
fenómenos
y ladrones.
en el trabajo y en
el ocio
siempre atraje
a los indeseables. me encontraban
y se prendían de mí. aún lo
hacen.
ahora en este vecindario
hay uno que me ha
encontrado.
él merodea
empujando un carrito de supermercado
lleno de basura:
latas abolladas, cintas de zapatos,
bolsas vacías de papas fritas,
envases de leche, periódicos, portaplumas…
“hey, cuate, cómo estás?”
me detengo y conversamos
un rato
luego me despido
pero él
me sigue.
paso las cantinas
y los burdeles…
“manténme informado,
cuate, manténme informado,
quiero saber qué pasa.”
él es mi novedad.
nunca lo he visto
conversar
con nadie más.
el carrito traquetea
un momento
detrás de mí
entonces algo
cae.
él se detiene
para recogerlo.
entretanto yo
camino por
la puerta principal
del hotel verde de la esquina
cruzo a lo largo
del vestíbulo
y salgo por la puerta
trasera
hay un gato
enmierdándolo todo ahí dentro
absolutamente encantador,
me sonríe.

Chicas Tranquilas y Limpias con Lindos Vestidos. Charles Bukowski

Todas las que conozco son putas, ex putas,
locas. Veo hombres con mujeres
tranquilas, amables, los veo en los supermercados,
los veo caminando por las calles juntos,
los veo en sus departamentos: gente en
paz, a menudo horas o días de paz.
Todas las que he conocido son adictas a las pastillas,
alcohólicas, putas, ex putas, locas.
Cuando una se va
llega otra
peor que la anterior.
Veo tantos hombres con chicas tranquilas y limpias
bien vestidas
chicas con caras que no son lobunas
o predatorias.
"No traigan más una puta por acá", les digo a
mis pocos amigos, "me voy a enamorar de una".
"No podrías estar con una buena mujer Bukowsky".
Necesito una buena mujer,
necesito una buena mujer,
más de lo que necesito una máquina de escribir,
más de lo que necesito a mi auto, más
de lo que necesito a Mozart.
Necesito tanto una buena mujer que
puedo saborearla en el aire, puedo sentirla
en la punta de mis dedos,
puedo ver veredas construidas
para que sus pies caminen,
puedo ver almohadas para su cabeza,
puedo sentir mi risa que espera,
puedo verla acariciando un gato,
puedo verla durmiendo,
puedo ver sus pantuflas en el piso.
Sé que existe
pero, ¿Dónde está ella en esta tierra
mientras las putas continúan llegando?.

martes, 20 de mayo de 2014

Buenos Días.

Quiero más de Ti.

Me Caigo.

lunes, 19 de mayo de 2014

Si has de amarme que sea solamente... Elizabeth Barret Browning

Si has de amarme que sea solamente
por amor de mi amor. No digas nunca
que es por mi aspecto, mi sonrisa, el modo
de hablar o por un rasgo de carácter que concuerda contigo o que aquel día
hizo que nos sintiéramos felices...
Porque, amor mío, todas estas cosas
pueden cambiar, y hasta el amor se muere. No me quieras tampoco por las lágrimas
que compasivo enjugas en mi rostro...
¡Porque puedo olvidarme de llorar gracias a ti, y así perder tu amor!
Por amor de mi amor quiero que me ames,
para que dure amor eternamente.

martes, 13 de mayo de 2014

Y uno Aprende. Atribuido a Jorge Luis Borges

Y uno aprende

Después de un tiempo
uno aprende la sutil diferencia
entre sostener una mano
y encadenar un alma.
Y uno aprende
que el amor no significa recostarse
y una compañía no significa seguridad.
Y uno empieza a aprender...
que los besos no son contratos
y los regalos no son promesas.
Y uno empieza a aceptar sus derrotas
con la cabeza alta y los ojos abiertos.
Y uno empieza a construir
todos sus caminos en el hoy,
porque el terreno de mañana
es demasiado inseguro para planes...
y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad.
Y después de un tiempo
uno aprende que, si es demasiado,
hasta el calorcito del sol quema.
Así que uno planta su propio jardín
y decora su propia alma,
en lugar de esperar que alguien le traiga flores.
Y uno aprende que realmente puede aguantar,
que uno realmente es fuerte,
que uno realmente vale,
Y con cada adiós uno aprende.

martes, 29 de abril de 2014

Déjame ser el Lobo. Alberto Ruy Sánchez

Desde el lado obscuro de tu piel
Me iluminas.
Déjame ser el lobo
-Sombra de sed y perro y hambre-
Que entra en la noche
De tu cuerpo
Con pasos húmedos,
Titubeantes,
Por tu bosque incierto
-Tu olor a mar me guía
Hacia tu oleaje-
Para tocar adentro
La Luna creciente,
De tu sonrisa.
Déjame conocer
-Con lengua incluso-
La obscuridad
Más honda,
La más callada,
E invocar
Con movimientos
Repetidos
-Rituales-
La luna llena
De tu cuerpo,
La que me lleva a ti
Como si yo fuera,
En tus manos,
Agua
Que conviertes
En marea
Iluminada.

lunes, 14 de abril de 2014

Soneto a Cristo Resucitado. Atribuido a muchas Personas.

Bueno es semana Santa y a veces hay que ponerse místicos. En algunas ocasiones me gustaría ser más espiritual.

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.


martes, 8 de abril de 2014

!Ah¡ no yo no Podría

Ah no yo no podría
Volverme por el mismo camino
Desprenderme de tu sombra
Olvidarme de tu nombre
Serle indiferente al sonido
De tu cuerpo que hace el viento
Cuando toda te envuelve
En las noches de invierno
Ah no yo no podría
Serle infiel a tu recuerdo
Disfrutar en otras vidas
Reencarnar en otros tiempos
Negarme al pan divino
De la hostia de tus pechos
Ah no, no me lo pidas
Yo no puedo todavía  irme herido
Cuando aún a mis espaldas
Esta clavado un cuchillo
Que sombrío y triste es este sueño
De  noche de verano tan largo
Ah no yo no podría
Volverme por el mismo camino
Aunque quisiera dejarte
Aunque me vaya muriendo
Necesito que vengas conmigo
Necesito que tu y yo… Que los dos te abandonemos.

Hoy me gusta la vida mucho menos... Cesar Vallejo

Hoy me gusta la vida mucho menos,
pero siempre me gusta vivir: ya lo decía.
Casi toqué la parte de mi todo y me contuve
con un tiro en la lengua detrás de mi palabra.

Hoy me palpo el mentón en retirada
y en estos momentáneos pantalones yo me digo:
¡Tanta vida y jamás!
¡Tantos años y siempre mis semanas!...
Mis padres enterrados con su piedra
y su triste estirón que no ha acabado;
de cuerpo entero hermanos, mis hermanos,
y, en fin, mi ser parado y en chaleco.

Me gusta la vida enormemente
pero, desde luego,
con mi muerte querida y mi café
y viendo los castaños frondosos de París
y diciendo:
Es un ojo éste; una frente ésta, aquélla... Y repitiendo:
¡Tanta vida y jamás me falla la tonada!
¡Tantos años y siempre, siempre, siempre!

Dije chaleco, dije
todo, parte, ansia, dije casi, por no llorar.
Que es verdad que sufrí en aquel hospital que queda al lado
y que está bien y está mal haber mirado
de abajo para arriba mi organismo.

Me gustará vivir siempre siempre! siempre, así fuese de barriga,
porque, como iba diciendo y lo repito,
¡tanta vida y jamás y jamás! ¡Y tantos años,
y siempre, mucho siempre, siempre siempre!

Masa. Cesar Vallejo

Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: «¡No mueras, te amo tanto!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Se le acercaron dos y repitiéronle:
«¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando «¡Tanto amor y no poder  nada contra la muerte!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: «¡Quédate hermano!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Entonces todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar...

Cuándo tendré, por fin, la voz serena. Antonio Gala

Cuándo tendré, por fin, la voz serena,
sencillo el gesto, la ansiedad cumplida,
sigilados los labios de la herida,
mi pleamar cansada por tu arena.

Cuándo mi sangre trazará en la vena
su ronda acostumbrada y consentida,
y unánimes irán —corta la brida-
el fiero gozo y la dorada pena.

Cuándo estará mi boca sosegada,
suave el aliento, el beso compañero,
compartida la gracia de la almohada.

Cuándo llegará el día verdadero
en que me suelte ya de tu mirada,
para poder decirte que te quiero.

Si ya no vienes, ¿ para qué te aguardo... Antonio Gala

Si ya no vienes, ¿ para qué te aguardo?
Y si te aguardo, di por qué no vienes,
verde y lozana zarza que mantienes
sin consumirte el fuego donde ardo.
Cuánto tardas, amor, y cuánto tardo
en rescindir los extinguidos bienes.
Ya quién me salve no lo sé, ni quienes
clavan el alma dardo sobre dardo.
A la mañana, que se vuelve oscura,
sigue la noche, que se vuelve clara
a solas con tu sed, que hiere y cura.
No quisiera pensar si no pensara
que, privado que fui de tu hermosura,
me olvidara de mí si te olvidara.

Quién pudiera morderte lentamente... Antonio Gala

Quién pudiera morderte lentamente
como a una fruta amarga en la corteza.
Quién pudiera dormir en tu aspereza
como el día en la sierra del poniente.
Quién pudiera rendir la hastiada frente
contra el duro confín de tu belleza,
y arrostrar sonriendo la tristeza,
rota la paz y el paso indiferente.
Quién pudiera, mi amor, la alborotada
resistencia del alma distraída
conducir a tu parva apaciguada.
Quién pudiera ostentar, como una brida,
el arco iris sin par de tu mirada
desde tu luz a mi negror caída.

Era invierno; llegaste y fue verano... Antonio Gala

Era invierno; llegaste y fue verano.
Cuando llegue el verano verdadero,
¿qué será de nosotros?
¿Quién calentará el aire
más que agosto y que julio?
Tengo miedo
de este error de los meses que has traído.
¿Quién es nuestro aliado: tú o yo?
Cuando llegue el verano
quizá el aire esté frío...
Era invierno y llegaste.

El arma que te di pronto la usaste... Antonio Gala

El arma que te di pronto la usaste
para herirme a traición y sangre fría.
Hoy te reclamo el arma, otra vez mía,
y el corazón en el que la clavaste.
Si en tu poder y fuerza confiaste,
de ahora en adelante desconfía:
era mi amor el que te permitía
triunfar en la batalla en que triunfaste.
Aunque aún mane la sangre del costado
donde melló su filo tu imprudencia,
ya el tiempo terminó de tu reinado.
Hecho a los gestos de la violencia,
con tu mala costumbre ten cuidado;
tú sólo no te hieras en mi ausencia.